sábado, 3 de enero de 2009

El Apocalipsis de San Juan.

1. Motivación del Tema.
2. Iluminación del Tema.
3. Algunos textos particularmente significativos.
4. Para nosotros, aquí y ahora.
5. La Palabra de Dios nos pide algún compromiso.
6. Nota Bibliográfica.
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1.- Motivación del Tema

1.1. Pocos libros, no solo de la Sagrada Escritura sino de la Literatura universal, tienen el atractivo, la magia, el embrujo, que, a lo largo de los siglos –a partir del siglo II-, ha tenido y sigue teniendo el Libro del Apocalipsis.

1.2. "La literatura, la pintura, la música, todo el arte en general ha encontrado en este libro una fuente inagotable de símbolos, de colores, que se han plasmado en obras monumentales. Pero también el fundamentalismo y las mentes patológicas de personas y grupos se han tomado este libro tan al pie de la letra que sobre ellos se han construido ideologías perniciosas y poco positivas, incluso para el cristianismo y para la salvación y redención de este mundo llevada a cabo por Cristo" (Biblia para jóvenes, Barcelona 1999, p.1604).

1.3. Estamos, pues, no sólo ante el libro con el que se cierra la revelación del Nuevo Testamento, sino también ante un escrito que merece todo nuestro interés.
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2.- Iluminación del Tema

2.1. Unos datos interesantes:

2.1.1. Como se sabe, el Apocalipsis es el último Libro aceptado por la Iglesia como "libro revelado": con el Apocalipsis quedó cerrada definitivamente la revelación del Nuevo Testamento. Toda otra revelación posterior no es "oficial" de la Iglesia.

2.1.2. Apocalipsis significa en griego "revelación de algo que estaba oculto". Se trata, por consiguiente, de un libro en el que se invita al lector a estar atento para ser capaz de descubrir lo que Dios quiere decirle a través del desarrollo mismo de la obra.

2.1.3. Es muy importante captar el sentido de la literatura apocalíptica. Entre los siglos IV antes de Cristo y el II después de Cristo surgió un masivo movimiento (primero entre los judíos y después entre los cristianos) que describía con rasgos tremendistas (guerras, terremotos, maremotos, lluvia de fuego, cataclismos) la situación de crisis que se vivía en la humanidad sobre todo desde el punto de vista religioso. Aparecieron así, en el período señalado, numerosos Apocalipsis: de Moisés, de Henoch, de Isaías, de Baruc, Oráculos sibilinos, etc. Esta literatura, que se caracteriza por los rasgos fuertes, dramáticos y hasta espectaculares, surge, de todas formas, no para asustar con el fin del mundo a los destinatarios a los que iban dirigidos los libros, sino todo lo contrario: para alimentar y afianzar más y más su esperanza en Dios en las situaciones difíciles y hasta críticas por las que atravesaban. Por eso es importante saber leer la literatura apocalíptica. El ‘tremendismo’ de sus rasgos está pensado para hacer ver que, por encima de cualquier situación límite, está el poder de Dios, la fuerza de Dios, y sobre todo el amor fiel de Dios que superará toda situación histórica adversa.

2.1.4. El lenguaje de la literatura apocalíptica es fundamentalmente un lenguaje simbólico. Y sólo a través de los símbolos es posible penetrar en los misteriosos planes de Dios sobre los hombres y especialmente sobre la historia. Por eso, el Apocalipsis de Juan se vale continuamente de numerosos símbolos:
* el número siete: siete iglesias, siete sellos, siete trompetas, siete copas, siete candeleros, el candelabro de las siete velas, los siete cuernos del dragón...
* las piedras preciosas (jaspe, esmeralda, topacio, ágata, granate, amatista), los animales (cordero, león, dragón, águila, toro), los vestidos y colores.
* el Templo en el que no hay otra luz que no sea la del Cordero.

2.1.5. A este propósito es absolutamente necesario caer en la cuenta de que "es preciso comprender el contenido del símbolo desde la situación concreta que el lector (cada uno de nosotros) está viviendo: de su historia personal, de la comunidad cristiana, de la Iglesia, de los hombres. Es preciso, por eso, contrastar el símbolo con la historia. De lo contrario, quedará en pura ficción desencarnada, sin ese poder que encierra para iluminar y orientar nuestra marcha por el mundo" (La Casa de la Biblia, Biblia, Madrid 1992, p.1872).

2.1.6. La atribución del libro a Juan el Evangelista es un recurso literario –muy usado en la antigüedad- para darle valor y relieve al libro del que se tratara. "No se trata de una falsificación ni de un plagio. Es simplemente una relación ideal que el verdadero autor del libro establece con una personaje célebre del pasado al que admira profundamente y bajo cuya guía espiritual se pone a escribir" (La Casa de la Biblia, Biblia, Madrid 1992, p.1871). Por eso, aunque no sea literalmente un escrito del apóstol San Juan, sin embargo, la opinión común de los exegetas actuales es que se trata de un autor que perteneció a la escuela del autor del Evangelio y de las Cartas de Juan.

2.2. Estructura general del Libro:

2.2.1. La estructura de este libro de la Sagrada Escritura es relativamente simple: después de una brevísima introducción (Ap 1,1-3), el Apocalipsis se divide en dos partes fundamentales relativamente bien diferenciadas:
- Una parte profética (Ap 1,4 - 3,22), en la que el ángel del Señor pone en guardia a las siete Iglesias de Asia, a fin de que reaccionen y vivan de una manera digna y acorde con la vocación cristiana que les es propia. De tener presente que al hablar de siete Iglesias, se está refiriendo a la Iglesia universal, dado el simbolismo universalista del número siete.
- Una amplia segunda parte propiamente apocalíptica (4,1 - 22,5), compuesta a su vez por tres momentos o fases de la historia de la humanidad de cara al futuro:
1ª. En la primera se establecen, de forma completamente espectacular y apocalíptica, los signos que marcarán el fin del mundo: son los capítulos 6,1 al 11,19.
2ª. En la segunda se presenta la prueba de una gran confrontación entre el mal y el bien, más concretamente entre el mundo y la Iglesia: son los capítulos 12,1 al 20,15.
3ª. En la tercera se describe de una forma triunfal la conclusión de todo con una gran manifestación final del poder de Dios y de su Cristo, el Cordero degollado y glorificado: capítulos 21,1 al 22,5.

2.3. Objetivos que se propone este Libro:

2.3.1. El Apocalipsis quiere hacer, ante todo, una viva y urgente llamada a las siete Iglesias –es decir, a la Iglesia universal- a vivir en una comunión mucho más estrecha y coherente con el Señor, el Cordero, que ha dado generosamente su vida por ella, como todo verdadero esposo da su vida por la esposa, siendo correspondido por ella. La contemplación de Cristo resucitado en medio de la Iglesia, tiene que ser una llamada constante y urgente a la conversión: del hombre viejo y caduco pasar a ser hombres nuevos según el modelo manifestado en Cristo.

2.3.2. Es una llamada, además, hecha a las comunidades o iglesias en sí, más que a sus responsables propiamente dichos: son las comunidades como tales comunidades, los sujetos llamados a renovarse, arrepintiéndose de la vida lánguida, tibia, sin amor, que puedan haber llevado hasta entonces.

2.3.3. Las comunidades deben ser conscientes de que el que está a la puerta llamando a conversión y a una vida digna de la vocación recibida es el mismo Señor: el Señor que llama pacientemente, que es sumamente respetuoso con la libertad de las comunidades, que tiene una gran paciencia frente a la lentitud y hasta la apatía de esas comunidades, las urge a llevar una vida digna de la vocación cristiana.

2.3.4. La finalidad última del Apocalipsis de Juan es asegurar a los cristianos sometidos a la persecución de los emperadores romanos de los siglos I y II, que las fuerzas del mal aliadas contra el Proyecto de Dios en la historia, serán definitivamente vencidas por Cristo, el Señor muerto y resucitado, que con su fuerza vencerá a esas fuerzas del mal instaurando el Reino de Dios entre los hombres.

2.4. Líneas teológicas que presenta el Apocalipsis:

2.4.1. Plantea, en primer lugar, la naturaleza comunitaria de la vocación cristiana: son las Iglesias, es decir, las comunidades, las que tienen que preocuparse de responder como tales comunidades a lo que el Señor espera de ellas según la vocación recibida, y a lo que el mundo espera de ellas como comunidades formalmente cristianas.

2.4.2. Plantea, además, el problema del sentido de la historia. En los primeros años del siglo II, cuando poco a poco las comunidades cristianas se alejaban de sus orígenes y sobre todo de Aquel que las había originado dándoles todo su sentido, los cristianos comenzaron a plantearse, como problema inmediato, la cuestión de su futuro; y, en una perspectiva mucho más universal, la cuestión del sentido de la historia. ¿Hacia dónde va el mundo? ¿hacia dónde va la historia? ¿qué puede significar el cristianismo en este mundo y de cara a la historia?

2.4.3. A preguntas tan serias y desafiantes, el autor responde presentando a Cristo muerto y resucitado -el Cordero degollado que sin embargo está de pie-, como vencedor definitivo del mal, del pecado y de la muerte. Solamente Dios es el Señor de la historia, y solamente Cristo es el verdadero y definitivo Señor de la vida. Los señores de este mundo no son capaces de otra cosa que de oprimir y engendrar muerte, yendo de esta manera contra el ‘señorío’ de Cristo autor de la vida, superador de la muerte, creador de un mundo en el que no existan dolores, lágrimas, luto, muerte.

2.4.4. Solamente Cristo llevará este mundo a su plenitud según el Proyecto de Dios. La historia tiene profundo sentido, está guiada por el Proyecto que Dios le ha trazado, a pesar de que ahora la realidad mundana y la misma Iglesia sufra y esté sometida a los avatares de los enemigos del hombre.

2.4.5. En esta situación límite, la comunidad cristiana tiene que vivir con creciente plenitud la virtud de la esperanza. Después de la gran tribulación que significa la existencia de un mundo sometido constantemente a los egoísmos, guerras, opresión de unos hombres sobre otros, la comunidad cristiana está llamada a vivir definitivamente con Dios en un mundo nuevo.

2.4.6. Esta afirmación de un mundo nuevo resulta absolutamente decisiva en la vivencia de la vocación cristiana ya desde los primeros pasos de la Iglesia por el mundo. Decisiva, no porque lleve al cristiano a evadirse del mundo concreto en que vive, sino porque pone toda la realidad mundana en su verdadera perspectiva. La convicción de un mundo nuevo sirve para valorar en su justa medida todo lo que, con una sola palabra, se llama ‘mundo’: desde esa convicción se jerarquizan todas las cosas, se les da su verdadero valor, se justiprecian.

2.4.7. Más aún, la afirmación de un mundo nuevo en el futuro tiene que comprometer a las comunidades cristianas como tales y a cada uno de sus miembros, a transformar la historia concreta, anticipando aquí y ahora con las propias actuaciones, las notas de ese mundo nuevo en el que se cree y en el que se espera: la fraternidad, la justicia, la ausencia de guerras, de hambres, de lágrimas, de dolor, de luto, de llanto, de muerte.

2.4.8. En una palabra, el Apocalipsis es "un canto al poder soberano de Dios que conduce los hilos de la historia, y una manifestación del papel de Cristo en este drama. Es un mensaje de esperanza a una comunidad atribulada, que debe reconocer el momento en que vive y debe aprender a interpretarlo adecuadamente" (La casa de la Biblia, Biblia, Madrid 1992, p.1872).
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3.- Algunos Textos particularmente significativos

• Ap 2,1-7: lo que cuenta es el amor.
• Ap 3,1-6: una seria llamada a la conversión.
• Ap 12,1-12: la batalla entre la mujer y el dragón.
• Ap 21,1-7: la nueva Jerusalén.
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4.- Para nosotros aqui y ahora
4.1. ¿qué aspectos destacarías de los textos leídos y comentados?
4.2. ¿pueden tener actualidad en el momento presente de la Iglesia?
4.3. ¿en qué fundamenta la esperanza cristiana el libro del Apocalipsis?
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5.- La Palabra de Dios nos pide algún compromiso
5.1. a nivel personal.
5.2. como miembros de esta Hermandad.

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6.- Nota Bibliográfica

• AA.VV., En torno al Apocalipsis, Ed.BAC, Madrid 2001.
• Equipo "Cahiers Evangile", El Apocalipsis, Cuadernos bíblicos 9, Ed.Verbo divino, Estella 1992.
• J.M.González Ruiz, Apocalipsis de Juan. El libro del testimonio cristiano, Ed.Cristiandad, Madrid 1987.
• X.Pikaza, Apocalipsis, Ed.Verbo divino, Estella 1999.
• J-P.Prevost, Para leer el Apocalipsis, Ed.Verbo divino, Estella 1994.
• E.Schüssler Fiorenza, Apocalipsis. Visión de un mundo justo, Ed.Verbo divino, Estella 1997.
• U.Vanni, Apocalipsis, Ed.Verbo divino, Estella 1994.

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